Gaditana famosa por otras cosas, pero que ha escrito teatro.

Mañana festividad de San Jorge, día mundial del libro. ELVIRA LINDO. Cádiz 1962. Vive en Madrid desde los doce años. En 1987, empezó a trabajar en la radio como locutora y acabó especializándose en guiones. Fue entonces cuando nació Manolito Gafotas, el protagonista de sus libros. Elvira Lindo ha escrito también guiones para la televisión, para el cine, y ha estrenado en teatro Ley de la selva 1994, una comedia de costumbres. Manolito Gafotas ha sido llevado al cine en dos ocasiones con desigual aceptación. Títulos de la autora: Pobre Manolito 1995, Olivia y las carta a los Reyes Magos 1996, Manolito Catrollos 1996, Manolito Gafotas en la radio (grabación sonora) 1997, Los trapos sucios de Manolito Gafotas 1997., Manolito On the Road 1998, Como Molo: otra de Manolito Gafotas 1998, Todo Manolito 2000, Amigos del Alma 2000, Yo y el Imbécil 2000, Manolito Gafotas 2000, ¿Quién Mato a Harry? 2000 (Juan Bonilla, Felipe Benítez Reyes, Elvira Lindo), El otro barrio 2000, Tinto de verano 2001. A continuación hablamos de las dos obras de teatro, que por ahora ha escrito:
La ley de la selva (1994). Esta obra es un triángulo sentimental para reírse. Para reírse con cautela, por supuesto. Porque, detrás de la risa, acechan los dientes de hiena del desamor y de la herrumbre metalizada de los sentimientos frustrados. Ojo al parche. Para reírse, y para gozar con los registros varios de una actriz como Laura Cepeda, de un ama de casa sometida y carencial que, por fin, aprende la ley de la selva. Joaquín Climent es también un actor de versátil comicidad. Un texto hábil, ligero, de intrascendente apariencia más con muchas cargas de profundidad; y que reclama el derecho legítimo de la mujer a su libertad afectiva; que evidencia las trampas del amor y del sexo; que mira con displicente ternura a hombres y a mujeres. La mano de Manuel Canseco pone sutileza y trasparencia escénica. El texto de Elvira Lindo acarrea intención, desparpajo y buenas dosis de rebeldía. Laura Cepeda, como personaje, pone belleza y ternura desaprovechadas. O, peor aún, manipuladas. Climent, el contrapunto del amante y del esposo. Y el público pone todo lo demás: las risas, el calor y la comprensión. La sorpresa del roscón (2004). La reflexión de una mujer que intenta averiguar en qué momento empezó a equivocarse en la vida. Corina, la protagonista de este monólogo, cuelga los hábitos después de quince años de misionera en Guinea par casarse con un cámara de televisión. Su espíritu altruista la lleva a crear una casa de acogida, donde conocerá a un indigente amante de la bebida, con el que iniciará una relación más que cordial.

Escriba una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies