Un gran escritor, que también se ha atrevido con el teatro.

Cuando faltan apenas 48 horas para el día del libro, nos paramos ahora en la figura de ANTONIO GALA, un escritor andaluz, de Córdoba, que basa su obra en grandes novelas, algunas de las cuales ha sido adaptada al cine, como “Más allá del jardín”, “El manuscrito carmesí” y “La pasión turca”. Pero nosotros vamos a destacar sus obras teatrales que datan en un número de 24, destacando:

* Anillos para una dama (1973). Por esta obra obtuvo el premio del espectador y la crítica, entre otros muchos.
La obra presenta a Jimena Díaz dos años después de la muerte del Cid, su esposo. La acción se sitúa en Valencia, ciudad que Rodrigo Díaz de Vivar había conquistado y de la que ella es señora. El deseo de libertad presente en la obra cobra un doble sentido en la España de 1973 donde el dictador Francisco Franco camina hacia la muerte. Jimena simboliza el futuro deseo de España de caminar sola y apartarse del Generalísimo (el Cid Campeador). La obra, dividida en dos partes, desmitifica las figuras del Cid y de su esposa Jimena para presentarnos sus vidas cotidianas. Para la obra, Gala parte de dos planos, el histórico, que tiene lugar en la España del siglo XI, y el poético, el Cantar de Mío Cid del siglo XIII. *Samarkanda (1985). *Las manzanas del viernes (2000). Última obra por ahora de este autor, que escribió para la representación de la actriz, Concha Velasco, y que estrenó en el teatro Fígaro de Madrid. Hace tiempo que Antonio Gala halló un estilo literario inconfundible que aplica por igual, con éxito más que notable, a la poesía, la novela y el teatro. Gala va directamente al corazón y en Las manzanas del viernes roza la felicidad suprema y la suprema condenación. Esta encendida dialéctica sobre la pasión y sus pesadas cargas que se traen Orosia Valdés y Mauricio acredita a Antonio Gala como pensador y humanista del amor, aunque no sé si lo acredita como autor dramático. Cuando habla Orosia parece que hablara el corazón de Gala; y eso no es bueno para el teatro, pues la voz omnipresente del autor socava el libre albedrío de los personajes.

Orosia Valdés es una naviera gélida hasta que aparece Mauricio, un Adonis perfecto que exhibe su abundancia de virilidad en un desnudo clamoroso. El incendio, iniciado antes de esa exhibición, sigue y aparecen los celos implacables e incluso mortales. Mauricio empieza a mostrarse como lo que verdaderamente es: un chulángano oportunista y simpático. Con todo, la suelta interpretación de Linuesa le da bastante credibilidad al conquistador.

Este texto de Antonio Gala tiene alta temperatura emocional y literaria; y un toque desesperado y crepuscular del personaje de Orosia que puede llegar a conmover. No es necesario recurrir a los sonetos de Shakespeare como hace Orosia en un alarde culto. Se escuchan frases como la siguiente: «Eres un sueño tan urgente que no has podido esperar a que me durmiese para soñarte». Orosia dice esto y otros lamentos similares sin perder del todo los papeles. Donde Orosia los pierde definitivamente es en la borrachera; no casan por ningún lado los tumbos incesantes y desproporcionados con la coherencia de su discurso incontinente. Orosia tiene momentos de buena comedianta y otros infortunados. Y tiene, sobre todo, esos ojos vivísimos, capaces de fundir las piedras: un milagro permanente y hermoso.

Presentación de su última novela. El pedestal de las estatuas (2007).

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